El origen de las patatas bravas


En este artículo hablaremos de una de las tapas por excelencia, las patatas bravas, que sin duda protagoniza miles y miles de aperitivos a lo ancho y largo de nuestra geografía gastronómica. 

Existen diversas teorías sobre cuándo, dónde y quién inventó las patatas bravas. Al revisar el historial de la página de Wikipedia dedicada a esta incomparable receta, se observa que su contenido ha sido editado en innumerables ocasiones. El apartado "origen histórico" ha abarcado desde referencias a los testículos de un dios inca hasta afirmaciones como "nadie sabe nada sobre este tema". 

Se han incluido alusiones a una supuesta salsa patentada en 1960, que resulta ser inexistente, menciones sin fundamento a diversos establecimientos de Madrid y Barcelona, e incluso una dramática reivindicación, rápidamente eliminada, hecha por la nieta del presunto creador de la fórmula.

Incluso una descendiente del malagueño Fernando Mena del Río utilizó los recovecos de internet para afirmar que su abuelo, nacido en Antequera en 1893, fue el verdadero inventor de las patatas bravas. "Le quitaron la receta y la patentó un cara dura", expresó en su declaración.

Aunque la historia de Fernando Mena estuvo activa en Wikipedia apenas 20 minutos, resulta infinitamente más interesante que el sucesivo trasiego de ediciones que han explorado los posibles lugares de origen de la receta. No es coincidencia que la versión más repetida y popular sobre la historia de este plato corresponda a la teoría que estuvo disponible en Wikipedia durante un período prolongado, entre 2011 y 2017: según esta, las patatas bravas nacieron en un bar de Madrid llamado "Casa Pellico".

Más tarde, la tríada se amplió con la incorporación de la taberna "La Casona" y el renombrado establecimiento "Las Bravas", que aún perdura en la calle madrileña de Álvarez Gato. Mucha gente sostiene firmemente la creencia de que este lugar patentó su picante salsa alrededor de 1960. Sin embargo, la realidad de 1960 es diferente: el Registro de la Propiedad Industrial aprobó dos solicitudes presentadas por doña Aurora Barranco Cabanach en diciembre de 1959. Una de ellas era para designar a su establecimiento de hostelería con el nombre comercial "Las Bravas", y la otra era para registrar esas mismas palabras como marca relacionada con patatas condimentadas. No hay evidencia de ninguna patente o invención en este contexto.



En ese mismo año de 1960, y a muchos kilómetros de distancia de Madrid, en Zaragoza, don Ramón Berna Puyuelo registra como nombre comercial para su bar en la calle Urrea 26, "La Patata Brava". Años más tarde, inaugura otro establecimiento llamado "El Calamar Bravo". Es el nieto de Ramón, Joaquín Navarro Berna, quien continúa al frente de este emblemático local zaragozano, donde los bocadillos de calamares y las patatas bañadas en una salsa secretísima, ideada por sus padres Joaquín y Dolores, son un rotundo éxito.

Este delicioso unte zaragozano, con un toque picante, se encuentra en la categoría de patatas mixtas o con alioli. Sin embargo, lo destacado es que en 1960, la expresión "patata brava" ya era tan reconocida que servía como reclamo en dos locales separados por más de 300 kilómetros.

La conexión maña resultó ser muy fructífera. En "El Calamar Bravo", trabajó por un tiempo otro emprendedor zaragozano que, inspirado por ese concepto hostelero y la irresistible salsa que lo acompañaba, decidió aventurarse a otra ciudad para establecer su propio local, se trata ni más ni menos que de Javier González Abadía, fundador en 1969 de "La Mejillonera" y líder de un imperio que, basado en bravas, mejillones y calamares, ha establecido sucursales en trece ciudades de España.

En 1970, González Abadía eligió el nombre de "La Patata Brava" para su segundo establecimiento en Valladolid, ubicado en la calle Perú 11. Este mismo nombre había sido seleccionado dos años antes por el barcelonés Jorge Antonio Martí para su bar en el Paseo de Sant Gervasi 73.

Gracias a todas estas iniciativas comerciales, la expresión "patata brava" acabó arraigando entre el público y se convirtió en sinónimo de patata frita con salsa. Aunque no fuera su denominación original, poseía un atractivo especial, sonoridad y cierto toque americano que contribuyeron a su popularidad.
 
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